moroso-etiqueta

La mayoría de veces procedemos con prontitud a etiquetar como moroso al que, habiendo vencido el plazo para el pago acordado, no abona lo debido. Pues bien, esto, que ya decimos se tilda de morosidad con mucha facilidad, en muchos casos no se corresponde con la realidad.

En efecto, siempre habrá el deudor ocasional, el cliente que, cuando compra, no tiene la intención de pagar cuando es debido, pero sí tiene intención de pagar. Esto quiere decir que efectúa una compra y luego ya liquidará en varias veces, cuando pueda, a empujones. ¿Podríamos decir que es moroso? Si bien es cierto que al vencimiento no paga, también lo es que no hay una voluntad de no pagar, sino más bien la de adecuar su forma de pago a sus posibilidades. Otra cosa sería la premeditación en el acto de comprar para no pagar o dilatar al máximo el pago. El moroso, con mayúsculas, se concreta por la firme voluntad de no pagar ya desde el inicio. Es el que busca mil excusas para dilatar en el tiempo su pago, el que está siempre enfermo, al que le ocurren todas las desgracias, personales o familiares, el que alega abonos pendientes u obras mal efectuadas, al que se le inunda la tienda en tiempos de sequía y no vende nada en tiempo de lluvia… Este es el moroso.

Una de las cosas que el Gestor de Cobros debe estudiar al inicio de un caso es saber qué tipo de impagado tiene que tramitar, ya que puede ser un simple impagado o un caso de morosidad. Esto le servirá para empezar a urdir la estrategia con ánimo de que este deudor liquide su impagado lo más rápido posible. El diagnóstico en los casos de deuda es importantísimo para saber cómo actuar en cada caso. No vale el mismo sistema para cualquier reclamación. No hay reclamaciones standard.

Por esto decimos que no todos los deudores son morosos. Nos encontramos a menudo con reclamaciones de impagados a personas físicas o empresas que han tenido abierta la tienda, el negocio o la fábrica durante más de treinta años y, por culpa de la crisis que hemos padecido desde finales del 2007 el negocio ha caído en picado cuando, antes de este periodo, eran buenos pagadores sin problemas de tesorería. También en ramos concretos de sectores económicos, como la construcción y sus empresas colaboradoras, nos hemos encontrado con empresas cuyas cifras de negocio se han visto afectadas por la falta de ventas de sus obras. La falta de circulación del dinero provocó que se quedara en suspenso cualquier actividad financiera en curso. Sus pólizas de crédito no se liquidaban al banco al tiempo que los ingresos caían en picado. La balanza se inclinaba siempre hacia el lado malo y así empezó el descalabro económico, es decir, que aunque quisieran pagar, el tren de la crisis los atropelló. ¿Hablaríamos también de morosidad en estos casos? Humanamente no podemos decir que son morosos cuando han sido los primeros damnificados.

En otro orden de cosas, hablaríamos de las personas físicas a las que también les afectó esta crisis. Gente que puntualmente abonaba las cantidades acordadas para liquidar su deuda, poco a poco, fueron bajando los importes ya que, o habían perdido el empleo o estaban en precario. Tampoco sería justo denominarles morosos cuando, antes, cumplían puntualmente sus acuerdos de pago. Anteriormente la ayuda bancaria servía para liquidar muchas deudas pero, actualmente, esta vía está cerrada. Los bancos no prestan a quien debe.

No negamos que la morosidad profesional existe pero no a todo aquel que debe podemos considerarlo y denominarlo así. A veces hay que saber los orígenes de esta morosidad para colocar bien la etiqueta.

Enric Mañe
Enric Mañé. Ha sido responsable del Departamento de Impagados durante catorce años. Profesor de la UOC. Actualmente imparte conferencias sobre impagados y presta asesoramiento a las empresas en cuanto a la prevención de la morosidad. Articulista en diferentes medios. El próximo año 2016 cumplirá 25 años en  Segestion.

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